jueves, 9 de marzo de 2017

LA DESVEGÜENZA


Nos enteramos días atrás de que el presidente de la comunidad autónoma de Murcia, Pedro (Antonio) Sánchez (a qué me recuerda este nombre) iba a declarar en el juzgado como investigado por un asunto que viene de sus tiempos de alcalde en un pueblecito de la región.

Como todos recordamos, pues ha habido ya famosos precedentes en los casos de Griñán y Chaves en Andalucía (gobierno PSOE, como siempre allí) y Rita Barberá, exsenadora del PP, hay un punto del famoso pacto entre PP y Ciudadanos  por el que se comprometen a que cualquier cargo público imputado por un caso de corrupción, se vea obligado a dejar su puesto de inmediato. Textualmente:

“93. El Partido Popular y Ciudadanos se comprometen a la separación inmediata de los cargos públicos que hayan sido imputados formalmente o encausados por delitos de corrupción, hasta la resolución definitiva del procedimiento judicial. Asimismo, se comprometen a que las personas que se encuentren en dicha situación no puedan ser incorporadas en las candidaturas electorales ni ser nombrados para desempeñar cargos públicos.”

El portavoz del PP señor Maíllo declara que el pacto con Ciudadanos lo firmaron porque eran “lentejas”. Así nos informa de que firmaron los documentos que les pusieron por delante para conseguir los votos del partido centrista cara a poder presentarse a la investidura con una mayoría visible y conseguir el gobierno, pero no con la intención de cumplirlo. Maquiavelo hubiera aprobado, alborozado, esta determinación.

Innumerables son las manifestaciones de cargos populares en diferentes sentidos, pero todos en la misma dirección: Sánchez, como el otro, no dimite. A pesar de que hubiera firmado un pacto similar en su acuerdo de investidura. A pesar de que podemos ver una y otra vez en televisión al mismo sujeto declarando que si es imputado, se irá antes de que se lo pidan.

Más allá del absurdo de la argumentación, por llamar así a lo que son simplemente excusas de mal pagador, de los portavoces del partido del gobierno, (es que no está imputado, es que no es imputación formal, es que es un error administrativo, no es corrupción, es que es una decisión personal del presidente, es que sólo se irá si se le abre juicio oral, es que se viola la presunción de inocencia…), lo interesante del caso es poner de manifiesto la voluntad inequívoca de los dirigentes del Partido Popular de incumplir los pactos que han firmado.

Los dirigentes políticos no pueden cumplir sus programas electorales. No pueden pasar de ser una declaración de intenciones, el rumbo previsto a tomar, pero nadie puede prever las circunstancias que surgirán en los siguientes años, que podrán hacer más o menos factibles muchas de las medidas prometidas. Los electores juzgarán en la siguiente convocatoria.

No es lo mismo cuando se firma un pacto de gobierno, de investidura o similar con otra formación. Los compromisos son claros y se es deudor del otro, que, caso de no ver cumplidos los acuerdos, puede abandonar a su socio con todo el derecho.

Aquí se da un manifiesto abuso por los dirigentes del PP, empezando por su Presidente, que demuestran algo imperdonable: mala fe. No es que por circunstancias imprevisibles no puedan llevar adelante sus compromisos, es que tienen la firme voluntad de no hacerlo y, aún peor, no tuvieron ninguna intención de ajustarse a los compromisos cuando los firmaron.

¿Qué se puede hacer con gente de semejante jaez? Desde luego, Ciudadanos no puede hacer caer a este gobierno, pues quien lo sostiene de facto es el PSOE. Su única opción es denunciar los incumplimientos ante la opinión pública, de la forma más contundente y pertinaz posible y esperar a que el mensaje cale en los militantes y el electorado popular el mensaje de que no se puede apoyar a un partido donde los dirigentes carecen de vergüenza.

Puede ser que no consigan nada y que, además, en una nueva convocatoria electoral, puedan perder fuerza ante la maquinaria propagandística popular, que ya ha comenzado a torcer los hechos y a acusar a su socio de deslealtad. Aunque reputen a Ciudadanos de “partido del IBEX”, no se ha vista nunca una formación política con menos apoyo mediático y tanta opinión desfavorable (inequívoca señal de que molestan a todos, buen indicio de estar en la senda correcta).

Pero no podemos perder la esperanza de que los comportamientos deshonestos no queden sin castigo y que los electores o los militantes del PP no se conformen con estos dirigentes de otros tiempos y vuelvan sus miradas a otros que no estén contaminados por el deshonor. Cifuentes mantiene su pacto con Ciudadanos, y las dos mujeres más poderosas del PP no han hecho una sola manifestación sobre este asunto, Sáez de Santamaría y Cospedal.


Una vez más, debemos señalar que el tiempo de Mariano Rajoy ha pasado. Va a ser que el otros Sánchez tenía razón…

martes, 31 de enero de 2017

PROTECCIONISMO

La presidencia del señor Trump nos retrotrae a temas que ya creíamos prescritos, caducados, sin fuste. Así, el proteccionismo.

Ya estábamos convencidos casi todos, salvo la extrema izquierda inasequible al desaliento y al librecambio, de que el comercio es un innegable impulso para la mejora de las vidas de los humanos. Todos producimos más, conseguimos consumos más variados, somos más ricos y disfrutamos de mayor cantidad de bienes.

Pues no. El señor Presidente de los Estados Unidos de América, POTUS por otro nombre, ha ganado las elecciones con un programa que incluye la ruptura de los tratados comerciales con sus socios de Norteamérica y el Pacífico. Contra toda la tradición americana del pasado siglo de facilitar la apertura de su mercado para solicitar el mismo trato a los demás, empezando por sus más duros competidores, como Japón o la Unión Europea.

El señor Trump tiene en su mente las viejas ideas de “el vecino me roba” los puestos de trabajo, las divisas, qué sé yo. Lo que importa no es que haga las cosas bien o mal sino que la culpa es del otro, que se aprovecha de nuestra bondad y eso no puede seguir así. Un discurso antiguo, irracional, pero fácil de vender. También suponían algunos que difícil de llevar a la práctica, pero si algo no se le puede reprochar al nuevo POTUS es la fidelidad a su programa y la celeridad en llevarlo a cabo, algo siempre exigido a los políticos, aquello del programa-contrato, pero que en este caso aterra más que otra cosa.

No hace falta ser un gran estudioso de la economía para ver cómo una política proteccionista no sólo perjudica a los socios comerciales de un país (competidores-enemigos desde el punto de vista de los partidarios del cierre de fronteras) sino también al propio estado que toma esas medidas.
Cuando la presidencia americana amenaza con un arancel del 20% a los productos mexicanos, no podemos más que sorprendernos por su falta ya no de instrucción en temas económicos, sino de sentido común.

En primer lugar, la primera estupidez: ese aumento del arancel hará que México pague el famoso muro entre los países. El ideólogo de turno no ha debido caer en la cuenta de que ese aumento de impuestos a la entrada de mercancías mexicanas en los USA los tienen que pagar los ciudadanos americanos, que son los compradores.

En segundo lugar, los efectos inmediatos de una medida como esa son, obviamente, la rápida caída en las ventas de los productos mexicanos en Estados Unidos, por la vieja y nunca bien ponderada ley de la demanda que dice que si sube el precio de un bien, baja la cantidad comprada. Nota al pie: el genio que ha echado las cuentas de la recaudación de la Hacienda americana por esta subida de impuestos no ha tenido este efecto en cuenta. Gran gestión.

Evidentemente, los consumidores americanos, particulares o empresas, buscarán los productos antes importados de México en otros productores, interiores o exteriores, que tengan mejores precios, si los pueden encontrar. Desde luego, el efecto, en cualquier caso, es que los americanos tendrán que destinar una parte mayor de sus rentas a la adquisición de estos bienes o adquirir menos cantidad (o ambas cosas). Es una definición evidente de cómo empeorar la situación de una población, consumiendo menos bienes y más caros. Se consigue, eso sí, perjudicar al vecino, pues las ventas de las empresas mexicanas bajarán y tendrán dificultades, pues tendrán que buscar nuevos mercados, cosa no sencilla ni inmediata, y probablemente reducir dimensión y perder empleos.

A la vez, podemos estar bastante seguros de que el gobierno mexicano corresponderá al americano con medidas similares, pues la experiencia demuestra que ninguna nación deja que las otras suban sus barreras y mantiene las suyas bajadas. Cada disminución de aranceles que ha habido en este mundo viene precedida de acuerdos comerciales por los que los países implicados asumían desarmes mutuos, cuidadosamente evaluados. Pero ante una subida, la respuesta no ha necesitado nunca mucha reflexión ni medida.

Si México toma las medidas esperables, la situación no mejora, sino al contrario, ampliaría los efectos perniciosos, haciendo más caras las compras de bienes para sus nacionales y destruyendo capacidad productiva y empleos en los USA.

Resumen: dos países con menos bienes consumidos, más caros y con menos empleos y empresas. El paraíso terrenal, vamos.

Aún así, todavía encontramos gente defensora de este tipo de medidas, muy probablemente porque son ajenos al razonamiento económico. Sólo esperan que en el interior de las fronteras de su nación se creen empresas para producir los productos que antes se compraban en el extranjero, con lo que se promueve el empleo para los nacionales. La idea es que el extranjero me roba los empleos produciendo más barato, así que le subo los precios artificialmente y de este modo le robo los empleos (o los traigo de vuelta).

Para que la idea funcione se necesita que ningún otro país ofrezca esos productos más baratos que los productores nacionales, lo que implica mayores subidas de aranceles, a otros países. Casi a cuantos más, mejor.

El efecto real será sustitución de bienes más baratos por los mismos más caros (eso sí, made in USA), con aumento de empleo en esos sectores en los que el país no es competitivo, y pérdida de ventas y empleos en los sectores exportadores, por la subida de los aranceles de los extranjeros, justo en las industrias más competitivas del país. Al final, cambia el destino de las inversiones y el empleo desde las industrias más competitivas a las menos, con un resultado de menor consumo y mayores precios, menor renta real, es decir, menor poder adquisitivo de los salarios en el país.


Y todavía nos encontramos con defensores de estas políticas, generalmente porque se suponía que eran beneficiosas sólo para los países más industrializados y especialmente los imperialistas USA. Por favor, un poco de racionalidad antes de acabar con las pocas ideas sensatas en que se sostiene nuestra civilización, la más próspera que ha habido nunca sobre la faz de este planeta. 

miércoles, 9 de noviembre de 2016

EL PATO


No encuentro palabras.

Estaba empezando a escribir sobre la Democracia, sus valores, sus límites y tergiversaciones. Pero, ¿esto?

El pueblo soberano de la democracia más antigua del mundo elegía entre una candidata inteligente, con gran preparación intelectual, que ha ocupado las más altas magistraturas del país (Senadora, Secretaria de Estado)  y un empresario exitoso, mal hablado, racista, machista, xenófobo, ignorante, en fin desagradable y demagogo. Sin ninguna experiencia en cargos públicos. Sin siquiera el apoyo de su partido. Y el Pueblo ha elegido al lerdo.

No es la primera vez que pasa. Así, de memoria: Berlusconi, Reagan, George W. Bush, Zapatero, Jesús Gil y Gil… La democracia es así. No es que el Pueblo siempre tenga razón, hoy seguro que es más evidente que nunca, sino que es soberano. Para bien o para mal.
El sistema americano tiene además la ventaja de que está pensado para que una sola persona no pueda acumular un excesivo poder, así el Congreso puede frenar al Presidente e incluso imponerse a él (como en el caso de Clinton, Bill, que no pudo gobernar a su gusto sino al de la durísima mayoría republicana liderada por el radical Newt Gingrich). Lamentablemente, en este caso El Viejo Gran Partido tiene mayoría en ambas cámaras, con lo que, al menos estos dos primeros años, pueden ser un paseo militar para el nuevo presidente.

Tampoco sabemos muy bien qué demonios quiere hacer. Un congresista republicano por Nueva York, que apoya a Trump, declaraba hoy a una televisión española que las promesas del candidato no había que tomarlas al pie de la letra, pero que confiaba en él, en su capacidad negociadora y en que pondría el interés de América primero, en las negociaciones con sus vecinos y socios (México, China, Europa). Evidentemente, la ilusión que ha conseguido transmitir el candidato es que mejorará la posición de su país a costa de la de los demás, gracias a sus capacidades negociadoras evidenciadas en la gestión de sus negocios, en los que prosperó buscando de forma astuta la forma más favorable a sus intereses de aplicar las leyes y acuerdos, según nos explicaba el mencionado congresista, admirado.

Como Berlusconi, como nuestro siniestro Gil y Gil, el empresario que ha amasado una gran fortuna impresiona a las masas que le sienten como uno de ellos, más espabilado, más lanzado, capaz de aprovecharse del sistema, de burlar esas malditas regulaciones que nos molestan, como admirarían a un fulano que circulara a 200 km/h por una zona con radar porque tiene un dispositivo para anularlo. ¡Qué listo, quién pudiera!, pensamos. Y les votamos.

Ojalá yo esté completamente equivocado y sea un gobernante sensato. Pero el problema es que no tiene nada que perder: no necesita ser reelegido, no necesita el apoyo del partido, puede volver cuando quiera a su vida anterior, lejos de la política. No debe a nadie un apoyo. Tiene muy claro que las consecuencias de sus acciones no importan para él (ya lo explicó cuando dijo que podía tirotear unas cuantas persona por la calle sin que eso le fuera a hacer perder votos).


Es Kurtz, el general de Apocalyse Now, o Nerón. Esperemos que su reinado del terror no dure más de cuatro años, por lo menos.
Mucho tiempo sin subir ningún escrito, pero hoy es un día especial.

domingo, 5 de julio de 2015

Referéndum a la griega

Erróneo cálculo político el del primer ministro Tsipras. Lo nefasto de su referéndum de hoy es que no hay resultado bueno. Sólo puede ser malo o peor, dependiendo de lo que haga después el gobierno con él.

Si gana el No, Tsipras queda reforzado internamente, pero, a pesar de lo que proclame, no estará en mejores condiciones para negociar. El apoyo popular a su rechazo, aunque fuera muy amplio, no puede forzar al resto de países de la zona euro a modificar sus puntos de vista, pues dependen democráticamente de sus ciudadanos, no de los ciudadanos griegos. Lo peor es que el gobierno griego ya no podrá aceptar ningún acuerdo parecido a la propuesta que se rechaza, lo cual quiere decir que será muy difícil cualquier acuerdo. Por otro lado, sin ningún viso de acuerdo, el Banco Central Europeo no podrá seguir enviando millones de euros para mantener el sistema bancario griego. El desastre será inminente, un país no puede funcionar sin moneda. Esta situación es muy mala para los griegos, horrorosa, y los condena a importantísimos sufrimientos que dejarán los de los años anteriores en una anécdota.

Pero si gana el Sí, la situación no pasa a ser idílica. Primero, no hay actualmente propuesta en vigor por los socios, con que, a pesar del referéndum, no hay acuerdo, aunque pueda ser más factible. Por otro lado, el gobierno griego de Syriza no podrá mantenerse tras un revés de esa magnitud y deberá convocar elecciones. El tiempo que medie hasta tener nuevo gobierno será largo y caótico, aunque puede que el BCE acepte mandar liquidez suficiente para evitar el desastre, no es tampoco seguro. Los daños causados hasta alcanzar algún acuerdo serán muy significativos y dolorosos para los griegos. Y no debemos descartar una nueva victoria de Syriza en las elecciones, porque las preferencias en democracia no tienen por qué ser consistentes y el pueblo puede querer, a la vez, acuerdo y Syriza, como mucha gente en España quería salir de la OTAN y que siguiera Felipe gonzález en el gobierno aunque hubiera perdido su famoso referéndum.


Toca esperar.

martes, 6 de marzo de 2012

¿SOCIEDAD FATAL?

Últimamente, para mi desgracia, me remiten demasiados de esos correos encadenados donde alguien denuncia, generalmente con visos de tener una información de primera mano, los desmanes y abusos a los que nos vemos sometidos los que somos “normales”.

En las cinco primeras líneas se detecta fácilmente el cariz del asunto y no suelo pasar de ahí (ni el mensaje tampoco, directo a la papelera). Una buena pista ya es la abundancia de destinatarios o los sucesivos reenvíos que ha sufrido el texto.

Con cierta frecuencia, el mensaje me lo manda alguien que aprecio y me pide respuesta. Procuro no entrar en detalles cuando ya conocen mi forma de pensar y tiendo al sarcasmo. Si insisten, pierdo diez minutos en explicarme.

Pero cada vez son más populares. Ya saben: xenofobia, racismo, nacionalismo, los políticos en general… Siempre apuntando directo al hígado, soslayando la Razón y envolviendo el intelecto para que quede cómodamente insensible.

Y me provocan dos reflexiones: una, el recuerdo de hace ya bastantes años, cuando era joven, en los ochenta, en que lo que estaba bastante de moda era la solidaridad con los desfavorecidos, fueran individuos, clases sociales o pueblos, y el espíritu de ayuda al prójimo. Las mejora sociales como la extensión de la atención sanitaria a todos los ciudadanos o las pensiones no contributivas, independientemente de la aportación individual al sistema de Seguridad Social, eran sentidos con orgullo por la mayoría de la población, admitidos de izquierda a derecha. Eso ha cambiado profundamente, de izquierda a derecha.

La segunda: ¿No merecería la pena escribir unos de esos mensajes en sentido contrario? Seguro que no soy el único que no es xenófobo, racista, no nacionalista y que piensa que nuestra sociedad no es tan catastrófica, ni está siendo atacada y saqueada.

Tenemos un país con más de treinta años ya de democracia. Con alternativas entre partidos en el poder sin terribles revanchas.

Nuestro nivel de bienestar seguro que era inimaginable hace esos más de treinta años. A pesar de la crisis terrible. Nos hemos acostumbrado a vivir con comodidades, a vivir en pisos con piscina y pista de tenis, en chalets unifamiliares, con un par de coches por familia, varios televisores de pantalla plana, ordenador, Internet.

Llevamos una vida diferente a la de nuestros padres y nuestros sueldos individuales pueden ser menores, pero no los de la familia, ahora trabajan hombres y mujeres.

Y cómo ha cambiado la vida de las mujeres. Sigue habiendo discriminación, malos tratos, sufrimiento. Pero nada comparable a la anterior generación. Cada vez son más las mujeres con alto nivel de educación, que tienen la sana opinión de que son seres adultos, que pueden y deben ganarse la vida por sí mismas, independientes económica y sexualmente, no simples madres y esclavas al servicio de su marido, hijos, padres.

Y viven con nosotros muchas personas que han venido a trabajar, a ganarse la vida donde han sabido que había posibilidades. Y son millones los que se han integrado entre nosotros, han creado familias y se han establecido aquí, como nosotros, ahora ellos también son “nosotros”.

Podemos fijarnos en lo que no funciona, en los individuos indeseables, hayan venido de fuera o nacido aquí, en los políticos que roban y estafan, en los fallos de nuestra democracia, en la pobreza y marginación, que sigue existiendo, o echar una ojeada a lo que tenemos y antes no teníamos y sentirnos orgullosos de nosotros y esperanzados en 

sábado, 19 de noviembre de 2011

NOTA PRE-ELECTORAL

Bien, mañana ganará por fin Rajoy las elecciones, a la tercera. No ha hecho una gran oposición, no ha hecho una gran campaña, le ha bastado sentarse a esperar ver cómo pasaba el cadáver de su enemigo, Zapatero. El sucesor de este, que tenía alguna opción, la ha dilapidado cruelmente en la campaña.

Zapatero. Secretario General por accidente, Presidente por accidente, escasamente preparado y fiado a su otrora infalible baraka. Es lo que pasa cuando se apuesta a la ruleta, hay rachas buenas y rachas malas, se puede ganar mucho sin mérito y perder mucho sin culpa.

Rubalcaba, político sensato, capaz, bien preparado, excelente orador. Vicepresidente del gobierno y valido de Zapatero en la última etapa, la más sensata de estas dos legislaturas. Su directora de campaña, la altiva y displicente Elena Valenciano debe tener ya decido su abandono de la política. No se puede hacer peor: de la sensata gestión y el apoyo de la feligresía progresista al K.O. técnico por inferioridad manifiesta en cuatro meses. Y lo peor, en las dos últimas semanas, en la campaña. ¿Cómo puede el candidato avergonzarse de su reciente gestión y proponer medidas tan insensatas para el futuro? A muchos de sus admiradores, entre los que me encuentro, nos ha facilitado mucho nuestra decisión, tras unos momentos de duda, fiados en su capacidad.

Rajoy. El político paciente, cauto, sin prisa, buen conocedor del Estado, va a ganar aplastantemente ante la ineptitud de sus rivales. Es muy bueno que alguien sin ex sex-appeal necesario para encandilar pueda tener la posibilidad de mostrar sus cualidades. Quién sabe cómo estaríamos si lo hubiera conseguido a la primera, como hubiera sido normal… Desconocemos qué medidas va a tomar, nos ha contado la música, pero no la letra de su política. No será sencillo, pero tendrá un apoyo enorme, al menos al principio. Confiemos en una buena elección de colaboradores, que será vital.

Por mi parte, aunque apoyo al señor Rajoy como Presidente del Gobierno, votaré a UPyD. A pesar de su lideresa, demasiado protagonista, algo desmesurada en su ira, a veces algo insensata y vanidosa. Pero nos merecemos tener un partido centrado, responsable, que piense en el Estado en vez de en conseguir un puesto de mando. Alguien que diga cosas distintas a las políticamente correctas en nuestro sistema. Un Pepito Grillo que sea la conciencia de los dos grandes partidos y que pueda sustituir al “bloque constitucional” definido por Felipe González, CiU, PNV y CC, dedicados a apoyar leyes generales a cambio de un precio que presentar en sus aldeas. No parece razonable que el cemento para construir el Estado se suministre por los que pretenden dinamitarlo.

Mi pronóstico, como dictan las encuestas, es de unos 190 escaños para el PP, 120 para el PSOE y 3 para UPyD. Mañana veremos cuánto he errado.

Por otro lado, hay que hacer alguna quiniela más:

¿Ministros? Soraya vicepresidenta política, Cristóbal Montoro vicepresidente económico (¿se figuran a Rato? Algo he oído…), Ana Pastor, Ana Mato, Gallardón (en Interior y Justicia, dicen, esperemos que no en Fomento, yo le mandaba a Exteriores, para que esté lejos…), dicen que Cañete en exteriores (¿y Arístegui, y Moragas? ¿Por qué no Rato?). ¿Entrará Núñez Feijoo?

La sucesión del PSOE: ¿Cuándo dimite Zapatero? Apuesto a un anuncio de congreso en la noche electoral, para después del traspaso. Quizá dimita como Secretario General en ese mismo anuncio. Rubalcaba abandonará la política. ¿Candidatos? Chacón, claro y dicen que Patxi López, pero no lo creo. ¿Tomás Gómez? ¿Y Madina? Demasiado sensato, quizá.

Por último, esperemos que el nuevo gobierno ayude a recuperar la confianza, nacional e internacional y podamos alegrarnos a la vuelta de uno o dos años.

Esperemos.